Como en cualquier enfermedad, en el paciente con cáncer la alimentación es crucial. La alimentación puede influir positiva o negativamente en el desarrollo de la enfermedad, ya que no solo impacta en el estado físico, sino que también puede repercutir en la efectividad del tratamiento farmacológico pautado.
CONSECUENCIAS DE UNA ALIMENTACIÓN INADECUADA:
- Desnutrición
- Sobrepeso/obesidad
- Sarcopenia
- Fragilidad
- Mayor toxicidad de tratamientos
- Fracaso terapéutico oncológico
- Mayor mortalidad
Para empezar, es aconsejable que ANTES DE NADA:
- Tomes medidas cuanto antes (incluso estando bien en el momento del diagnóstico)
- Pidas asesoramiento a un profesional experto en el tema.
- Realices una valoración nutricional
- Identifiques tus debilidades y fortalezas (hambre, ansiedad, gustos…)
- No tomes complementos alimenticios sin consultar
Además, te vendrán bien estos CONSEJOS PRÁCTICOS:
- No se trata de una dieta anticáncer, sino de prevenir y tratar
- La dieta debe ser saludable, no caprichosa ni restringida por miedos y bulos
- La Dieta Mediterránea es la que posee mayor cantidad de nutrientes beneficiosos
- Adapta el menú a tus necesidades (físicas, patológicas, personales…)
- Si has perdido el apetito o alterado el gusto, realiza comidas pequeñas pero completas
- Si sufres de efectos adversos (diarrea, estreñimiento, vómitos…), cambia tu menú para minimizarlos
- Busca recetas nuevas
- Por último, recuerda que tanto el farmacéutico de oficina (comunitario) como el farmacéutico de hospital están preparados para ayudarte y solventar aquellas dudas que te surjan del tratamiento farmacológico y sobre cómo conseguir una alimentación adecuada.