



El magnesio es el segundo mineral más abundante en el cuerpo humano. Lo podemos aportar a través de nuestra alimentación, se absorberá en el intestino, almacenándose en los tejidos (especialmente en los huesos) y se elimina mayoritariamente por la orina. Participa en cientos de procesos del cuerpo: desde la energía que producimos hasta cómo se relajan nuestros músculos.
Ayuda a reducir calambres y contracturas, previniendo la hipercontractilidad muscular, gracias a impedir una fijación significativa del calcio en el retículo sarcoplásmico.
Contribuye al buen funcionamiento del sistema nervioso, una concentración óptima de magnesio es necesaria para regular la excitabilidad de los receptores N-metil-D-Aspartamo (NDMA), implicados en el desarrollo de la plasticidad del cerebro, aprendizaje y memoria.
Participa en la producción de energía, cofactor en más de 300 reacciones enzimáticas, siendo una de ellas la glucólisis.
Mejora la salud ósea, favorece la solidez de los cristales de hidroxiapatita y estimula la proliferación de osteoblastos.
A nivel inmunitario, interviene en la síntesis de inmunoglobulinas y en la adherencia de las células inmunitarias, se le considera un agente antiinflamatorio.
También influye en la inmunidad adquirida, regulando la proliferación y desarrollo de linfocitos.
Bisglicinato: se absorbe muy bien y suele ser bien tolerado a nivel digestivo.
Citrato: buena absorción y mejor biodisponibilidad; y también suelen ser bien toleradas a nivel digestivo.
Óxido: su absorción es menor y puede ocasionar molestias digestivas.
El magnesio puede disminuir la absorción de algunos medicamentos si se toman juntos, como:
Solución: tomarlos separados al menos 2-4 horas.